miércoles, 13 de junio de 2012

MÁS INTERVENCIÓN ESTATAL / Samaniego, José

La crisis sigue rompiendo paradigmas. Lo que hasta hace poco tiempo era impensable en la sociedad y la economía estadounidenses, que hasta antes de agosto de 2007 era el ejemplo del libre mercado, la no intervención y la autorregulación, hoy se desvanece pedazo a pedazo por la dureza de la crisis económica. La noticia del día lunes respecto a los dos íconos de la industria automotriz norteamericana fue evidente: el presidente Obama pidió la salida del gerente de General Motors porque consideró que los planes de reestructuración de la empresa (reducción de costos, lanzamiento de modelos más eficientes en la utilización de energía, renegociación de los beneficios de los sindicatos, etc.) no eran suficientes para garantizar que los recursos públicos invertidos para rehabilitarla podían ser devueltos en el futuro. Obama fue mucho más duro con la Chrysler, el tercer fabricante de automóviles más grande de los Estados Unidos, y le concedió a su gerente (Robert Nardelli, de quien no pidió su cabeza) un plazo perentorio para que concluya las negociaciones con Fiat y suscriba una alianza estratégica que le permita, a la empresa estadounidense, tener acceso a la tecnología de la italiana para fabricar vehículos pequeños con bajo consumo de gasolina. A cambio de ello, le ayudaría a levantar capital por $5 billones, que ya fueron solicitados. Ambas empresas arrastran una delicada situación económica producto de la caída en las ventas de 2008 que se siguen acumulando en 2009. La declaración de Obama también parece ser la última carta que se juega el Gobierno para presionar a las partes a realizar mayores ajustes (sobre todo a accionistas y sindicatos) en la intención de salvar a estos dos símbolos de la economía de los Estados Unidos. Pero una quiebra no se descarta. Hoy, 1 abr. 2009, p. 4

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