sábado, 2 de junio de 2012

DE LA JAQUECA A LAS MIGRAÑAS / Pachano, Abelardo

No son más de 60 días cuando en todo el mundo el enemigo público número uno era la inflación. Alos años había revivido uno de los más temibles adversarios del bienestar y de los pobres. La lucha había sido intensa y se había logrado doblegarle. Algunos la creían muerta, pero los precios de las materias primas, de los metales, la energía y los alimentos llegaron a su cúspide y pusieron en aprietos los cimientos de las estructuras económicas modernas.La discusión ahora estaba concentrada en el nivel al que llegarían los precios de estos productos, tan apetecidos por todos y que se los arranchaban todos los días. La demanda era incontenible. Los países productores, casi todos del tercer mundo -entre ellos nosotros- por fin veían que sus días de pobreza y limitaciones llegaban a su fin. Pero, en esos días se hablaba también de otro dolor de cabeza, aunque para fortuna del mundo no era de todos. Pertenecía a los gringos y se trataba de unos créditos concedidos muy generosamente, sin mayor evaluación de riesgo, sin garantías adecuadas y con unos intereses bajitos para que los pobres de ese país también cumplan con el sueño americano y tengan su casa propia (cualquier parecido es pura coincidencia). Era un problema que no pasaba de esas fronteras y que debían arreglarlos con sus propias fuerzas.Sesenta días después, la jaqueca es otra. Viene con migrañas y no se aprecia el efecto de los calmantes. Esos benditos créditos hipotecarios contagiaron a todos y pusieron los nervios de los ahorristas a punto de estallar. Las lecciones, aunque nos duela decirlas, están a la vista. La gula nunca es recomendable. Hay que comer lo necesario y bien balanceado.Ahorrar siempre es muy redituable. Ayuda cuando las fuerzas ya no alcanzan. Gobernar con razones, de forma democrática y los pies en la tierra es saludable. Lo duro va a ser construir o sostener sociedades donde la codicia, económica o política, no tenga incentivos perversos,desbordantes. Que el dinero o el poder cuenten, pero no sean un fin. El Comercio, 31 oct. 2008, p. 11

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