viernes, 1 de junio de 2012

El pasado lunes no fue un día común para los mercados financieros. Fue un lunes negro en el cual el índice más representativo del valor de las acciones en Estados Unidos, el Dow Jones cayó 700 puntos o 7 por ciento en un día, el precio del petróleo se redujo en más de $10 y el dólar se revaluó un 1,5 por ciento . Los mercados terminaron la semana pasada aliviados con la confianza de que en el fin de semana el Congreso aprobaría el paquete de ayuda gubernamental de $700 billones propuesto por el Gobierno norteamericano. Morgan Stanley y Goldman Sachs se habían salvado de la quiebra al recibir inyecciones de capital fresco y la aprobación para convertirse en bancos comerciales y Washington Mutual fue absorbido por JPMorgan Chase. Todo parecía indicar que se había pasado lo peor. Pero el lunes, el mercado amaneció con nuevas e inquietantes noticias: la compra de Citi a Wachovia, uno de los mayores bancos norteamericanos que venía enfrentando muchos problemas para librarse de los rumores de falta de liquidez y solvencia. Algunas conclusiones empiezan a esbozarse. La primera es que la magnitud de la crisis supera largamente las estimaciones preliminares. Lo que se inició en agosto de 2007 con los créditos hipotecarios de mala calidad, luego de un año es una crisis generalizada, cuyo costo supera con creces la estimación inicial ($1 trillón). La segunda es que aún no existe luz al final del túnel, todo puede suceder en el corto plazo y por lo tanto los mercados seguirán volátiles e inestables. La tercera es que la crisis ya superó las fronteras norteamericanas y contagió a Europa, donde pueden existir más sorpresas. La cuarta es que en todos los países, los gobiernos han tenido que intervenir inyectado recursos del presupuesto para tratar de detener la tormenta. Y la quinta es que el sistema financiero mundial nunca volverá a ser el mismo después de esta crisis. Hoy, 1 oct. 2008, p.A. 4

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